El fraude de la miel

A un panal de rica miel diez mil defraudadores se acercaron…

El sector apícola en la Unión Europea representa a más de 620.000 apicultores, ya sea como actividad profesional, como afición o para el propio consumo. Desde el punto de vista económico supone aproximadamente 14.200 millones de euros al año y desde el punto de vista ambiental que un 84 % de las especies vegetales y un 76 % de la producción de alimentos dependen de la polinización efectuada por las abejas domésticas y salvajes.

La Unión apenas produce el 60 % de la miel que consume. Los tres principales productores europeos de miel son Rumanía, España y Hungría, seguidos por Alemania, Italia y Grecia. El 40 % restante es de media 2,3 veces más barata que la miel producida dentro de la Unión; 200.000 toneladas de miel al año proveniente de China, Ucrania, Argentina y México que generan una grave desventaja competitiva para los apicultores europeos y, por añadidura, la miel importada a menudo no cumple con las normas que se exigen a los apicultores de la Unión.

Mientras los consumidores suelen creer que adquieren miel procedente de la Unión la realidad es que están comprando una mezcla con miel importada de terceros países, y que gran parte de esta miel importada está adulterada; desde 2002 se ha estancado o ha disminuido la cantidad de miel procedente de las principales regiones productoras del mundo debido a la mala salud de las abejas, pero en China la cantidad producida se ha duplicado (aproximadamente 450 000 toneladas al año desde 2012) y supera la producción de miel de la Unión, Argentina, México, los EE. UU. y Canadá juntos.

Según las asociaciones de apicultores y los profesionales del sector, gran parte de la miel importada de China podría estar adulterada con azúcar exógeno de caña o de maíz. Si a esto le añadimos que no todos los Estados miembros están en condiciones de efectuar análisis para detectar irregularidades en la miel importada en los puestos de control de las fronteras exteriores de la Unión… nos damos de bruces con que la miel es el tercer producto más adulterado en el mundo y que la adulteración causa graves daños a los apicultores europeos e implica importantes riesgos para la salud de los consumidores.

El Centro Común de Investigación (JRC, Joint Research Centre)  analizó muestras de miel de los Estados miembros y concluyó, entre otras cosas, que un 20 % las muestras tomadas en las fronteras exteriores y en las instalaciones de los importadores no cumplían los criterios de composición o los procedimientos de producción de la miel establecidos en la Directiva relativa a la miel (2001/110/CE) y que un 14 % de las muestras contenían azúcar añadido.

La importación de grandes cantidades de miel adulterada a bajo coste, provocó en los países de la Unión que más miel producen (Rumanía, España, Hungría, Bulgaria, Portugal, Francia, Italia, Grecia y Croacia) que los precios de adquisición de la miel a finales de 2016 hubiesen caído a la mitad de los precios de 2014, y que este problema sitúa a los apicultores europeos en una posición muy difícil y perjudicial.

Los consumidores, que cada vez están más informados, empiezan a desconfiar de los alimentos procedentes de determinados países, conocedores de que muchos grandes productores, como los Estados Unidos, Canadá, Argentina o México, aplican unos requisitos de etiquetado de la miel más estrictos que las normas simplificadas de la Unión, y ofrecen garantías mayores que esta en lo que respecta a facilitar a los consumidores la información necesaria.

Es necesario garantizar que la miel y otros productos apícolas importados cumplan plenamente con los estándares de calidad de la Unión, y luchar contra los productores de miel de terceros países que recurren a medios deshonestos, así como contra los envasadores y comerciantes de la Unión que mezclan deliberadamente con miel importada adulterada. Quizá el uso de una herramienta como  pueda ayudar a esta lucha, tan necesaria, contra el fraude.

Tampoco estaría de más conseguir el etiquetado preciso y obligatorio de la miel y los productos apícolas sustituyendo la mención “mezcla de mieles procedentes de la UE y no procedentes de la UE” por una indicación precisa del país o países de origen de las mieles empleadas en el producto final, y que estos se enumeren en el orden del porcentaje correspondiente a cada uno de ellos.